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Paisaje de paz después de la batalla
PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu
Cuba cantó con Juanes, Juanes cantó con Cuba. Duélale a quien le
duela, como dijo a corazón abierto Juan Formell, el fundador y
director de Los Van Van. Un millón de personas, enfundadas con
prendas blancas en su mayoría, celebraron un hermoso convite por la
paz en la Plaza de la Revolución José Martí, a lo largo de más de
cinco horas de un domingo ardiente, en el que los impresionados
artistas convocados por el cantautor colombiano demostraron una
altura ética y una sensibilidad humana ejemplar.
Desde que la puertorriqueña Olga Tañón puso a punto su fuego
merenguero, hasta que Los Van Van incendiaran el ambiente con su son
efusivo e integral, cada uno de los participantes aportó sus razones
cantadas en una velada inolvidable.
El Segundo Concierto de Paz sin Fronteras sobrepasó sus
expectativas. Desde horas tempranas de la mañana del domingo, un río
de pueblo afluyó hacia la Plaza de la Revolución José Martí.
Olga convidó a alumnos del conservatorio Amadeo Roldán, los
españoles Luis Eduardo Aute y Víctor Manuel legaron sus canciones
imprescindibles y lúcidas, el hermano Danny Rivera inflamó el
corazón con el eterno Madrigal; el italiano Jovanotti vibró
como él solo sabe hacerlo con la fuerza del ritmo, Miguel Bosé se
hermanó con Carlos Varela para derribar prejuicios —dijo que era "el
sueño de la paz, de la concordia, de tender una mano, del diálogo,
de la hermandad, del amor" —, Cucú Diamante y Yerbabuena transaron
un pacto rumbero con Yoruba Andabo y Oguere, y al fin conocimos la
cuerda juglaresca del ecuatoriano Juan Fernando Velasco.
El multitudinario auditorio presintió de antemano el aura de las
canciones infaltables de Amaury Pérez, el significado de
Revoluxion en la voz de X Alfonso, la batería textual
interactiva de Orishas, y Silvio Rodríguez, a quien Juanes conoció
por intermedio de sus canciones cuando no pensaba siquiera ser un
ícono. Este redactor supo cómo el colombiano, en el despacho del
Instituto Cubano de la Música, compartió con su titular un par de
temas de Silvio en el momento de presentar la propuesta.
"No puedo creer lo que mis ojos están viendo. Este es el sueño
más hermoso de paz y de amor que he podido experimentar después de
mis hijos. Este es el amor verdadero y celebro profundamente poder
estar aquí con ustedes", afirmó un Juanes conmovido en medio de
tanto entusiasmo.
El Chan chan, de Compay Segundo, resumió el espíritu de
una jornada de paz, en la que triunfó la razón poética.
EL FIASCO DE LOS MEDIOCRES
No sé qué van a decir ahora quienes trataron de sabotear el
concierto de La Habana y sometieron a Juanes a brutales presiones
para que desistiera de su noble convocatoria. Fue de tal magnitud el
acontecimiento que ni los propios medios que dominan pudieron
soslayar dar noticias y aún reproducir íntegramente o partes del
megaconcierto. Rabiaron este domingo a más no poder, pero tuvieron
que admitir un hecho objetivo: la música como mensaje de convivencia
y cordialidad.
Los más recalcitrantes elementos que en Miami sueñan con destruir
la identidad y la nación cubanas fueron los abanderados de una
campaña de odio e incultura, que incluyó desde la destrucción de
discos del cantautor colombiano, en acto que recordó a muchos la
barbarie de las hordas nazis que quemaron libros y cuadros en pleno
apogeo del fascismo, hasta amenazas de muerte en el más puro estilo
de las bandas paramilitares que han asolado a América Latina.
En un intento desesperado por robarse el show intentaron armar
una alternativa al concierto en La Habana, con algo que debía
suceder en Miami a la misma hora. Un tal Javier Ceriani, a nombre de
una fantasmagórica Exilio Productions, anunció que harían en el sur
de la Florida un contraconcierto. La idea no pasó de ser una pompa
de jabón. Ni con los millones de dólares que se movieron, ni los
nombres que se manejaron, pudieron armar un engendro condenado de
antemano al fracaso.
Sin embargo, casi a la misma hora, en Puerto Rico, Andy Montañez,
en el Centro de Bellas Artes Ada Mage Zayas, de la comunidad de
Juana Díaz, en el sudeste de la Isla del Encanto, lideró un
concierto de solidaridad con Juanes, Cuba y la paz, al que
contribuyeron Mapeyé, Roy Brown, Así Somos y otros músicos.
"Es una forma de contar lo que vivimos allá y de compartir con el
público boricua el trabajo realizado por nuestra delegación
cultural, la más numerosa y diversa tanto en géneros musicales como
generacionales que haya visitado Cuba" dijo Andy al evocar la
dedicatoria a Puerto Rico por Cubadisco 2009.
UN PUEBLO CULTO, ABIERTO Y SOLIDARIO
Cuba cumplió escrupulosamente y con gran altura los compromisos
con el evento promovido por Juanes: consagrar a la paz el concierto,
no manipular políticamente una expresión cultural, difundir
abiertamente al mundo la imagen del concierto, y promover un voto
por el entendimiento humano.
Un pueblo culto, alegre y solidario respondió a la convocatoria.
Y no por primera vez. Ese es nuestro signo.
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