La
llamativa figura de un payaso, ejecutada en cera y papier maché por
Manuel Rojas, ataviada con un traje de brillantes colores, franquea
la entrada de la muestra La carpa azul, que evoca la imagen y
el legado del mítico Trompoloco, personaje que acompañó la infancia
de varias generaciones de cubanos desde su creación por el notable
actor Edwin Fernández.
Así la Casa de la Obrapía, en el centro histórico habanero,
deviene espacio, a lo largo de este ardiente verano, para que la
familia, y en especial los escolares de vacaciones, encuentren otro
motivo para la recreación de los sentidos y la sensibilidad.
La muestra es el resultado de una convocatoria de la institución
sede que recibió una muy buena respuesta por parte de diversos
creadores, en su mayoría pertenecientes a la Sección de Misceláneas
y Textiles de la ACAA (Asociación Cubana de Artesanos Artistas). La
selección final registra 64 piezas de 60 artesanos.
Sorprende la imaginación, la diversidad y la seriedad con que se
ha tratado la imagen del payaso como tema. No se han limitado a la
mera reproducción; se aprecia inquietud investigativa en la búsqueda
de antecedentes y la plasmación de los parientes más antiguos:
Pierrot, Arlequín, el bufón, el juglar de feria¼
Hay también simpáticas payasitas que enriquecen este universo de
carácter lúdicro, que no excluye obras de carácter utilitario como
las bolsas para guardar juguetes y ajuares; o la sabanita bordada, o
la cuna.
Las obras están ejecutadas en parches, papier maché, pintura,
bordados, todo un arsenal que recupera, prolonga y reinventa saberes
artesanales.
Por otra parte, la casa de la Obrapía consiguió con esta nueva
experiencia prolongar lo que ya había conseguido con los salones de
muñequería convocados en años anteriores.