Colmada de amor, sencilla, humilde, dulce y a la vez
intransigente, indeclinablemente unida a la Revolución, esta heroína
acarició con su sonrisa la palabra mujer y le confirió la pureza,
ternura y pasión de una madre inmensa, que no durmió tranquila ante
los peligros de los hijos de la nación.
En la clandestinidad, y en la guerrilla como combatiente del
Ejército Rebelde, Vilma es considerada "una de las mujeres más
excepcionales de la Revolución", caracterizada por su extraordinaria
vocación martiana y patriótica.
Desde joven asumió posiciones políticas revolucionarias y su vida
estuvo ligada a las mejores causas de la Patria. Al triunfo
revolucionario en 1959, por encargo de Fidel, encabezó la
unificación de las organizaciones femeninas, y luego la constitución
de la Federación de Mujeres Cubanas, fundada el 23 de agosto de
1960, a cuya dirección consagró 47 años de su fecunda vida.
Incansable luchadora por la emancipación de la mujer y a favor de
los derechos de la niñez, la juventud y la familia, su quehacer en
defensa de los humildes trascendió fronteras como vicepresidenta de
la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM); y no
escatimó esfuerzos en el largo y complejo proceso de formación de
una Patria revolucionaria y socialista.
A dos años de su desaparición física, Vilma continúa viva en la
obra creadora de la Revolución. Ella es símbolo para las presentes y
futuras batallas.