Vilma es símbolo de lucha

Raquel Marrero Yanes

Pasarán los años, serán escritas muchas páginas en la historia de la mujer cubana, pero en ella aparecerá siempre la huella imborrable de nuestra querida Vilma Espín Guillois.

Vilma acarició con su sonrisa la palabra mujer.

Colmada de amor, sencilla, humilde, dulce y a la vez intransigente, indeclinablemente unida a la Revolución, esta heroína acarició con su sonrisa la palabra mujer y le confirió la pureza, ternura y pasión de una madre inmensa, que no durmió tranquila ante los peligros de los hijos de la nación.

En la clandestinidad, y en la guerrilla como combatiente del Ejército Rebelde, Vilma es considerada "una de las mujeres más excepcionales de la Revolución", caracterizada por su extraordinaria vocación martiana y patriótica.

Desde joven asumió posiciones políticas revolucionarias y su vida estuvo ligada a las mejores causas de la Patria. Al triunfo revolucionario en 1959, por encargo de Fidel, encabezó la unificación de las organizaciones femeninas, y luego la constitución de la Federación de Mujeres Cubanas, fundada el 23 de agosto de 1960, a cuya dirección consagró 47 años de su fecunda vida.

Incansable luchadora por la emancipación de la mujer y a favor de los derechos de la niñez, la juventud y la familia, su quehacer en defensa de los humildes trascendió fronteras como vicepresidenta de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM); y no escatimó esfuerzos en el largo y complejo proceso de formación de una Patria revolucionaria y socialista.

A dos años de su desaparición física, Vilma continúa viva en la obra creadora de la Revolución. Ella es símbolo para las presentes y futuras batallas.

 

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