Andrés Torres Rodríguez

La libertad vale más que la vida

Raquel Marrero Yanes

"A ninguno de nosotros nos importa dar la vida ... dentro de unos breves días estaré rumbo a la Sierra Maestra para ponerme a las órdenes de Fidel Castro y no sé cuándo vuelva".

Cuatro días antes de su muerte, Andrés se tomó esta foto, para diferenciarse de las que tenían en su poder las fuerzas represivas. Lucía diferente, cambió el peinado, se quitó los espejuelos y tenía bigote.

De ese modo se expresó Andrés Torres Rodríguez un día antes de su muerte, en una carta encontrada en la casa donde tuvo su último refugio. Nunca imaginó que serviría de testamento político para esbozar su semblanza, pensamiento y entrega a la causa revolucionaria.

Su propia concepción del deber lo llevó aquella tarde del 28 de junio de 1958 a la celada, cuando se dirigía a una cita en Juan Bruno Zayas, entre Lacret y General Lee. Al recibir la llamada, se preocupó por la posibilidad de que se tratara de una encerrona; lo pensó, pero acudió al encuentro.

El traidor que lo llamó —sicario de la cuadrilla del criminal Esteban Ventura— se escondió en un carro para identificarlo, estaba acompañado por otros bandidos. Cuando apareció Andrés, lo dejaron caminar hasta la mitad de la cuadra; entonces salieron y dispararon.

El joven acorralado trató de refugiarse detrás de un muro. ¡Ríndete!, le dijeron. En cambio, él contestó con tiros, resultó herido... una, dos, tres, varias veces, hasta que su cuerpo se desplomó.

Andrés representó la rebeldía y firmeza de su generación. Intervino en la creación del Frente Estudiantil Nacional en la Universidad Masónica mientras estudiaba en la Facultad de Derecho y trabajaba como empleado en un laboratorio. En 1957 se incorporó al Movimiento 26 de Julio. En su doble condición de dirigente estudiantil y combatiente clandestino ocupó responsabilidades, ganó prestigio y demostró capacidad como organizador y jefe.

Participó en los preparativos de la Huelga General de 1958; luego, la persecución no tardó en llegar hasta él, pero nada quebró su voluntad: ni los sacrificios personales, ni el riesgo. La dirección del Movimiento le asignó una mayor responsabilidad: Capitán de Milicias.

Andrés Torres se movió de un lugar a otro en las calles habaneras, le motivaba la más pura de las aspiraciones: la libertad.

 

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